Página 50 - Revista84

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LA PRIMERA VEZ
Confieso que no tengo la mejor memoria. Para no
sentirme mal culparé a la genética por mis lagunas
mentales, pero hay algo que recuerdo perfecto: el
día en que te conocí.
Era el verano de 2004 (por favor no hagan
cuentas). Por una elección patrocinada por mis
padres decidí estudiar en la universidad cómplice
de tus historias. Y en cuanto aterricé en mi ciudad
adoptiva, comí, desempaqué un par de
jeans
, unas
cuantas playeras y me fui a conocerte.
No es broma, sentí una sabrosa ansiedad minutos
antes de encontrarnos. Caía la noche, acompañada
de su clásico e insufrible calor infernal de la
temporada. Caminé poco más de un kilómetro
desde mi folclórica casa de asistencia, y de pronto,
¡puuuuum, ahí estabas!
Aquí va mi primera impresión: por fuera tus
arrugas y desgastada piel delataban tu edad, pero
tu tamaño me impuso un respeto inmediato. Fue
hasta que crucé la frontera del estacionamiento
con mi credencial de estudiante como visa,
cuando realmente me sorprendiste.
Brillabas, no sólo por las lámparas que te
iluminaban completito, también irradiabas una
colección de sentimientos. Obviamente recorrí
tus 400 metros de pista de tartán, ¨pasito a pasito,
suave suavecito¨, y luego pisé tu césped de
corte militar, autografiado con cal blanca por tus
mejores amigos: el futbol y el americano. Conocía
tus mejores anécdotas...pero faltaban las nuestras.
“TECtrañaremos”,
camarada
Jorge Carlos Mercader, Exatec LMI. Periodista deportivo en ESPN
Cemento. Butacas. Pasto. ¡¿Cómo es posible que la
combinación de esos tres simples elementos te diese 67 años
de vida?! Si el concreto es frío, los asientos son aburridos
como la tabla del “1” y el zacate es para las montañas,
cuesta trabajo entender tu impactante poder en la historia
de Monterrey. Pero esta es mi explicación.