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Con 350 alumnos y 14 maestros, el Tecnológico
de Monterrey comenzó a impartir cátedras en
1943, en una casona ubicada cerca de la Catedral.
Al poco tiempo, construyeron un Campus, un
espacio en donde se definió un estilo que unificara
el paisaje con la naciente institución. Los insignes
fundadores eligieron un predio al sureste, allá
por el Ancón del Huajuco, rumbo a la Carretera
Nacional, precisamente al pie de la cordillera con
la que todos relacionamos a Monterrey. Y vaya que
el mejor sitio para apreciar la imponente belleza
del Cerro de la Silla, está en el punto que eligieron
para la sede del centro educativo en 1947. ¿Y
saben por qué? Porque la mejor vista del cerro
se divisa desde el Estadio y el mejor atardecer
mirando rumbo al poniente; las Mitras, la M y la
Huasteca se aprecian desde la tribuna de sol.
Una vez el gran Alfonso Reyes se refirió a la
montaña distintiva de Monterrey: “Oh cerro
mitológico, quien estuviera en tu cima, para
admirar desde lo lejos al famoso Tecnológico”. Una
serranía que se puede ver desde distintos puntos,
tan hermosa como emblemática: “y me deleité
con el Cerro de la Silla, que cambia de colores con
las horas, precioso amuleto de la ciudad”, continúa
el regiomontano universal. Otro poeta llamado
Francisco de Paula Morales sentenció: “No hay
cumbre como tú, que el sol tramonte”.
La institución quedó al amparo de unamontaña. El
alumnado creció junto con el número de docentes
y administrativos. Destinaron esfuerzos y recursos
para levantar aulas, talleres y demás espacios en
donde los alumnos pudieran combinar aspectos
de una formación integral.
Si el estadio Tecnológico hablara,
si el Cerro de la Silla nos contara
Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural
cronos85@hotmail.com