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Visiones humanistas que matizan el pragmatismo,
el hedonismo o el ateísmo en el siglo XXI fueron el
resultado de la presencia deMichel Onfray durante
el encuentro con alumnos y alumnas, profesores
y profesoras, en el Tecnológico de Monterrey en
varios de sus Campus gracias a la invitación que
ofreció al filósofo la Cátedra Alfonso Reyes.
Con la ideade“encarnar la filosofía”yde constituirla
como forma de vida, el filósofo francés nos invita
a vaciarla de las pretensiones académicas y de los
canones imaginados.
Con ello Onfray ofrece una lectura que inquieta al
ser humano contemporáneo, lo desfuncionaliza
de las estructuras de poder político y económico y
lo hace partícipe de la construcción de una nueva
lógica para el quehacer de la especie.
Alejar lo humano de las estructuras económicas y
políticas dominantes darán a la cultura occidental
la visualización de un mundo con sentido
optimista que lo mantenga a distancia del poder
destructivo.
Como unmar
de arena.
Los silencios
de Onfray
Rafael M. De Gasperín Gasperín,
profesor del departamento de
Filosofía y Ética rgasperi@itesm.mx
Estos nuevos personajes que, como neurópteros,
son partidarios del humanismo permitirán dice
Onfray en el
Manifiesto hedonista
hacer viable y
visible la existencia humana.
Su origen francés en Argentan y su tradición
familiar agrícola Normanda lo llevan en su vida
profesional a enseñar filosofía en la ciudad de Caen
con proximidad al Canal de la Mancha, donde crea
la Universidad Popular e imparte cursos de contra-
historia de la filosofía.
Para comprender el presente siglo –dice el autor–
es preciso saber que “El monoteísmo surge de la
arena
1
y que con su unidad y sencillez muestra su
complejidad y extensión. Por ello, la invitación
no se deja esperar y consiste en corporeizar la
filosofía; esto es, atreverse a vivir la perplejidad
de la vida y aceptar que “los mundos contarios,
construidos por hombres fatigados, exhaustos y
consumidos por el trajín continuo a través de las
dunas y las huellas de la grava calcinada al rojo
1. Onfray Michel.Tratado de ateología, p. 16