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Hace unos días apenas celebramos el centenario de una ancianita
jovenaza. Si “20 años no es nada” como reza el famoso tango,
apenas 5 veces ese tiempo nos lleva a recordar el adagio de que la
juventud es un estado del alma. El alma de esta viejita es espíritu
perene. Pretende vivir por siempre. ¿Quién no ha acariciado tan
imponente sueño?
Nuestra centenaria nació adulta, no pudo menos; su infancia fue
dura, difícil, compleja. Diferentes censos pre y post revolucionarios
nos cuentan de 10 millones de habitantes menos después que
antes. Millones de muertos, millones de desplazados, millones de
desaparecidos (quienes no son sino una mezcla de los primeros y
los segundos).
Una excelente reflexión que nos habla de nuestra centenaria
Constitución, sería una falta no leerla.
Dr. Luis Ernesto Aguirre Villarreal, Profesor de Derechos
Humanos Constitucionalizados. leav@itesm.mx
Las tristezas de una
Centenaria