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En esa casi Capilla del Santísimo, como la
describe Jorge García Murillo, se desarrollaron los
siguientes 25 años de su vida antes de jubilarse,
dedicados a la docencia y la investigación. Allí
produjo la mayor parte de sus obras, entre ellas
la ¨Historia del Nuevo Reino de León 1577-1723¨,
producto de más de 20 años de investigación en
archivos parroquiales y municipales de Nuevo
León, especialmente de Cadereyta, a donde fue
todos los días por espacio de dos años, después
de sustentar su cátedra de Historia de México.
Inició así el fondo de documentación del Noreste
microfilmando todos esos documentos.
Por su afición a la arqueología y su amor al desierto,
acostumbraba los fines de semana llevarnos a
lugares como Mina, Nuevo León, y muchos otros,
para hacer excursiones en donde siempre lograba
localizar puntas de flecha, raspadores y otros tipos
de pedernales, así como objetos y pedacería de
cerámica de los aborígenes de estas tierras. Logró
así formar una interesante colección. Antes de
morir le pidió a mi hermana María del Socorro, que
la entregara a la Biblioteca Cervantina junto con
sus ficheros, repletos de información muy valiosa
para los investigadores.
Este recinto era un lugar obligado para invitar
a distinguidas personalidades que visitaban
Monterrey, como David Rockefeller, el Príncipe
Alberto -más tarde Rey de Bélgica-, el compositor
Manuel M. Ponce, Octavio Paz y muchos más,
quienes atentos a las explicaciones de mi papá,
quedaban maravillados por el tesoro bibliográfico
allí custodiado.
Una anécdota interesante es que para proteger el
acervo, el Consejo pidió que se colocaran las llaves
de la puerta en una caja fuerte con sobretapa
metálica a dos llaves, empotrada en la pared
al final de la escalera del acceso norte y sólo mi
papá estaba autorizado a abrirla. Además se
instaló una moderna alarma (todavía se observan
las semi esferas detectoras, cercanas al techo en
varios lugares de la Cervantina). Este aparato solía
sonar ruidosamente por las noches, así es que a
diferentes horas de la madrugada llegaba alguno
de los vigilantes del Tec a nuestra casa, ubicada
en la Colonia Roma, para pedirle a mi papá que
lo acompañara a revisar y desconectar el sonoro
armatoste, pues los estudiantes internos, a cargo
de Don Juan Certucha en Centrales y la Ratonera,
no podían dormir. ¡Nunca encontraron nada!
La teoría del Ing. Jaime O. Estevané, excelente
profesor de electrónica y responsable del
mantenimiento y ajuste de dicha alarma, es que
serían ratones,
ratones de biblioteca.
Aprovecho para agradecer al actual Director de La
Cervantina, el Dr. Daniel Sanabria, y al Rector David
Noel Ramirez, el haber organizado un homenaje,
con la presentación de la última edición de la
Historia del Nuevo Reino de León y la develación
de una placa con la fotografía de mi papá el
pasado 6 de junio, cuando se cumplieron 25 años
de su fallecimiento, y en este año del centenario
de su natalicio un 29 de junio de 1914 en Jerez,
Zacatecas.
Monterrey N.L. 15 de noviembre de 2014, día de
San Eugenio